Valor y precio, lecciones del covid19

 Desde mi último post, el 9 de marzo, el escenario mundial tras la pandemia covid19, ha cambiado sustancialmente, vaya si ha cambiado. Millones de personas contagiadas alrededor del mundo, cientos de miles de muertos, es verdad que otros tantos recuperados, sistemas sanitarios a nivel mundial prácticamente desbordados, más de media población mundial confinada y encerrada en sus domicilios, los mercados económicos mundiales, salvo los esenciales, totalmente paralizados. Una auténtica guerra vírica mundial. Nuestra generación, al menos en España, habíamos tenido la suerte de no vivir ninguna guerra. Pero el covid19 es lo más parecido a una guerra mundial, en este caso sanitaria, alrededor de este virus.
Son ya más de veinte años de trayectoria en el sector pharma, biotech, y siempre me he movido con muchísimo respeto en todas mis conversaciones con los profesionales sanitarios- en todos sus niveles- quizás por ser consciente de no tener una formación técnica de base, no soy ni médico, ni farmacéutico, soy sociólogo y politólogo, Pero no hay que ser ningún técnico, sólo tener sentido común, para saber que toda esta crisis del covid19 se podía haber evitado.

Algunas señales previas a la crisis mundial covid19 fueron, por ejemplo:
 
– Existían varias publicaciones científicas advirtiendo en 2017 y 2019 de la posibilidad de nuevas pandemias, similares a las ya vividas en este mismo siglo en varios países orientales y africanos: Hendra en 1994, Nipah en 1998, SARS en 2003, Mers en el 2012 y el Ébola en 2014. Todas estas pandemias, como el covid19, fueron grandes epidemias humanas causadas por virus que se originaron en huéspedes animales y se cruzaron en humanos. Es decir, había antecedentes.
– El Instituto de Medicina de Estados Unidos realizó un análisis en 2004, donde advertía cómo la rápida reacción y contención al SARS, era un éxito de la salud pública, pero también una advertencia, recomendando la vigilancia global- como algo vital.
– Richard Horton, editor de la prestigiosa Lancet, indicó hace unos días en su columna de The Guardian que la respuesta global que se está produciendo ante esta pandemia del coronavirus, es el mayor fracaso de la política científica mundial en una generación. Precisamente por la existencia de estos precedentes entre 1994 y 2014.
– Las diferentes actualizaciones de la Organización Mundial de Salud (OMS) durante el mes de Enero 2020, que se culmina el 30 de enero con la Declaración de Emergencia de Salud Pública Internacional.
– La Unión Europea, en las primeras semanas de Febrero 2020, comenzaba a alertar a los países miembros, aunque como ya ha reconocido su presidenta, Úrsula von der Leyen, podrían haber hecho algo más y reaccionado antes.
– Centrándonos en España, el Instituto Español de Estudios Estratégicos, publicó en 2018, en el Catálogo General de Publicaciones Oficiales (acceso online) el Panorama de Tendencias Geopolíticas Horizonte 2040 (consultar) en donde se advertía del riesgo potencial de pandemias globales consideradas como amenazas reales en el período 2018- 2040.

Por otra parte, está la que sería ridícula comparación de los procedimientos llevados adelante por parte los gobiernos de cada país, y especialmente gravosa es la comparación entre los países orientales y occidentales. Es evidente la ventaja competitiva de aquellos países que ya vivieron esas experiencias previas con otras pandemias entre 1994 y 2014. ¿Pero que hay de la globalización? ¿De la visión 360? ¿De la previsión y la prevención? ¿O es este un concepto exclusivo de la empresa privada? Un ejemplo serían. sin embargo los países orientales, como China, Korea del Sur, Singapur, etc. Podemos tomar como ejemplo a Corea del Sur. Os dejo un breve, pero muy explicativo vídeo de 8 minutos:


Básicamente, y en definitiva; son cuatro los aspectos que podemos extraer del caso surcoreano:
 
En primer lugar, las políticas de medicina preventiva resultantes de la gestión de pandemias previas durante estos años, (Mers, por ejemplo). 
 
En segundo lugar, la inmediata alianza público- privada del gobierno con compañías biotecnológicas, en cuanto se confirman los primeros casos de covid19 en China, para la producción en masa de test diagnósticos, para distribuirlos inmediatamente entre toda su red de hospitales a nivel nacional, con el fin de estar preparados para realizar un diagnóstico en masa a la máxima población posible y contrarreloj, pudiendo así establecer las políticas sanitarias según el caso, aislamiento de los contagios, confinamiento, rutas asistenciales covid19, previsión de ingresos en los hospitales para evitar el colapso, etc. Además, está también la trazabilidad de los contagios, prácticamente desde el trigésimo primer contagio del país, realizaban monitorizaciones de los recorridos y rutas de los pacientes, detectando en este 31º caso el foco en una Iglesia durante una celebración religiosa, de este modo se podría realizar inmediatamente test diagnósticos a todos los asistentes a esa cita y a sus contactos. 
 
En tercer lugar, tenemos más ejemplos de colaboración público- privada con la realización de aplicaciones móviles (APPs) para monitorizar y rastrear a su población, pudiendo así enviar alertas al móvil a sus ciudadanos cuando se encuentran cerca de algún foco de contagio de covid19. Este movimiento ha sido replicado desde Occidente por Apple y Google en su histórica alianza, ante los efectos catastróficos del covid19 en Estados Unidos. Sobre los posibles conflictos en políticas de privacidad, y las diferencias al respecto entre Oriente y Occidente, es bueno que leáis esta publicación de Enrique Dans.
 
Finalmente, las autoridades surcoreanas están trabajando ya en el control de segundas y terceras oleadas del covid19, con políticas estrictas de distanciamiento social hasta que el país registre al menos la cifra de 50 nuevos contagios al día, o incluso menos de estos, datos que en estas últimas 48 horas se están alcanzando. Del mismo modo, están analizando los casos de 91 recaídas en pacientes que en teoría ya se habían recuperado, pero que habrían vuelto a dar positivo, están trabajando en la investigación de posibles mutaciones del virus, estudiando posibles cepas, en su epidemiología, etc. Es decir, están permanentemente preparándose para lo peor.
 
Por otra parte, en mi post anterior también referenciaba el dashboard de datos mundiales desarrollado desde Johns Hopkins University. Un dashboard fantástico que muchos estamos consultando prácticamente a diario, con datos de número de contagiados, fallecidos, recuperados, tanto por países como a nivel mundial. 
 
Precisamente estos datos han sido muy bien interpretados por el equipo del Financial Times, con un grupo de colaboradores liderado por John Burn- Murdoch, con actualizaciones diarias del estado de la famosa curva de la evolución del covid19 en cada país, ciudades importantes, etc. 
 
Pero dejando al margen el gran intento de la trazabilidad y el gran ejercicio de gráficos comparativos sobre la expansión de la epidemia, la pregunta es: ¿Son estos datos correctos? 
 
Es evidente que no, así que el número de contagios se da por sentado que es muy superior, es necesario recurrir a fórmulas matemáticas para “al menos realizar aproximaciones estimadas” y por otra parte, incluso hay conflictos en el recuento de fallecimientos, con datos discrepantes entre los datos facilitados por las administraciones, el número de entierros realizados por las funerarias, incluso con discrepancias entre gobiernos regionales y nacionales, dentro de un mismo país, donde debería de ser necesaria y sin discusión la consulta de los datos del Registro Civil. Incluso en ciertos medios internacionales especializados, existe cierta sospecha sobre la transparencia de los bajos datos de mortalidad y contagios, facilitados por China debido al gran volumen de su población. Es cierto que Oriente ha sido mucho más previsor que Occidente. Aunque también podríamos hablar de “la regulación” de ciertos mercados de animales vivos en países orientales.
 
Mientras en China, tras el confinamiento, la foto de la vuelta a la actividad es el momento de la parada para comer en la fábrica de Honda en Hubei, zona cero del covid19, no veo un escenario similar en Occidente, pero ni por asomo.
Fuente de la imagen: Financial Times.
Tenemos que sacar lecturas de todo esto, es nuestra obligación. Habrá nuevas pandemias. Debemos escoger que tipo de sociedades queremos tener cuando nos dejen volver a salir a la calle, qué modelos económicos queremos tener, si es posible hacer las cosas de otra manera, por ejemplo, trabajando más en remoto, contaminando menos, siendo más eficientes en la gestión del tiempo, de los desplazamientos, desde el punto de vista laboral, social, sanitario, familiar, etc.
 
En un post de este blog, en Enero 2015, hacía referencia a unas declaraciones de Valentín Fuster, donde exponía la evidencia de que es bastante más económico, más coste- efectivo, prevenir una enfermedad, que su tratamiento.
 
En estas políticas de prevención, y en la gestión de una crisis sanitaria mundial como esta, apuntaba César Nombela en su columna de ABC, que es necesaria la gobernanza científica. Los efectos económicos y sociales de esta crisis mundial sanitaria, será probablemente para los Gobiernos, uno de los efectos secundarios más graves de esta pandemia,
 
Precisamente por ello de cara al futuro, deberíamos de tener clara la diferencia entre valor y precio. No se trata de recolectar célebres frases al respecto de Buffet, Wilde, Nietzsche, Machado. No es comprensible ver en el mundo, los salarios de algunos deportistas profesionales, o personajes televisivos analfabetos, en comparación con los de los sanitarios, científicos o investigadores, que necesitan invertir años y años de formación, para poder estudiar, investigar, cuidar de nosotros y poner en peligro sus vidas, por las consecuencias de los trágicos errores en políticas de prevención y suministros, fundamentalmente, desde Occidente.
 
Sin políticas de prevención estamos expuestos, indefensos- y un virus, ha parado el mundo, la economía global y lo que es más importante, nuestras vidas.
 
Cuando todo esto se ponga en marcha, el nuevo mundo debe recordar la diferencia entre valor y precio.